Distribución del ingreso, campo y demás yerbas
Es un dato de indiscutible relevancia que, hablando específicamente del campo, hay una gran concentración de tierras en pocas manos: 2000 productores sobre un total de 73000 son dueños del 59% de las tierras (el 41% restante de tierras se reparte entre 71.000 productores). También hay que mencionar que el 20% de los productores genera el 80% de la producción total de soja (de la cual el 95% va a exportación).
Después de analizar estos números, llegamos a la conclusión que la distribución del ingreso no se efectiviza en la práctica, es solo una bandera política. Peor aún, se está yendo en dirección contraria, favoreciendo la explotación agropecuaria en pocos y grandes productores. Asimismo, no es menos importante destacar el mal reparto de subsidios que, lamentablemente, llegan solo a la parte industrial de la cadena productiva, dejando totalmente relegados a los productores (por ejemplo en el caso del aceite de maíz, gran cantidad de los subsidios quedan en mano de las aceiteras, igual es el caso de los tamberos y las empresas lácteas).
Con el actual tipo de cambio subvaluado artificialmente por el BCRA, se favorece la exportaciones del país (vía sustitución de importaciones, de las cuales se benefician campo e industriales indistintamente), pero el conjunto de la sociedad es más pobre en dólares. Además, hay que tener en cuenta que siempre los salarios corren varios pasos por detrás a la inflación, y gracias a que las mediciones del INDEC dejaron de ser confiables, no podemos estimar a ciencia cierta su número (los estimadores privados indican una inflación el año 2007, entre el 20-25%).
La clave de esta situación de inequidad e impuestos regresivos, es que la distribución de la renta, anunciada largamente por la actual administración nacional, no se efectiviza en la realidad, no vuelve en programas de inclusión social, de capacitación, infraestructura (caminos en buen estado por ejemplo), ni tampoco en subsidios a los pequeños productores (agropecuarios o PYMES), que realmente están en la necesidad de los mismos, para pegar un salto cualitativo hacia mayor eficiencia y menores costos (ya que el tipo de cambio real se ve depreciado por un contexto de inflación creciente y aumentos de los costos, además de la apreciación de las monedas regionales a causa de la inflación en USA).
Hay una mala calidad en el gasto público (sumando a que no pueden reducirlo). Empresas estatales que no prestan servicios y consumen recursos (LAFSA, ENARSA), subsidios cruzados financiados por toda la sociedad que solo llegan a manos de grandes empresas, obras de infraestructura relegadas inexplicablemente, pocos programas inclusivos y de capacitación y escasas líneas de crédito para PYMES. Lamentablemente, se está perdiendo una gran oportunidad de llevar a cabo reformas a un Sistema Impositivo plagado de impuestos regresivos y distorsivos y al Régimen de Coparticipación Federal (pendiente desde la reforma Constitucional de 1994), ya que en épocas de vacas flacas, con la excusa del recorte de gastos no es posible llevar a cabo ninguna de estas postergadas y necesarias reformas.
También es menester pelear por un federalismo fáctico, dejando de lado el reparto discrecional de fondos nacionales en gobernadores afines, estableciendo pautas justas de reparto de fondos a provincias que aportan muchos millones (tal es el caso de Santa Fe), y están en una situación de discriminación, por ejemplo, respecto a provincias petroleras que si reciben regalías de parte de la administración central.
Esperamos que gobierno y sociedad se despierten a tiempo, para que no digamos nuevamente: Argentina, otra oportunidad perdida.
Cristian Bergmann

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