Inseguridad, una problemática aún irresuelta
Si bien la pobreza adquiere un papel preponderante a la hora de hablar de las deudas pendientes en las actuales sociedades latinoamericanas, y a pesar de poder confeccionar una larga lista de problemas irresueltos, no deja de tener relevancia una problemática que nos afecta a todos: la inseguridad. Son bien conocidos los problemas de no gozar de sociedades seguras: el conjunto social no puede desarrollarse plenamente con todas las prerrogativas que la ley confiere y se suceden asesinatos y violaciones a gente inocente, en definitiva menoscabando la calidad de vida de los pueblos.
Lamentablemente los gobiernos no han sabido dar respuestas concretas a estos problemas.
Es necesario abordar esta problemática desde una visión integral, confeccionando planes de largo plazo, sin olvidar medidas tendientes a morigerar la situación presente.
Es sabido que el panorama evidencia una complejidad creciente a medida que pasan los días. La coyuntura requiere que se tome al toro por las astas.
Son causantes y agravantes del panorama actual la proliferación de la droga, que a su vez actúa aumentando la violencia de los hechos delictivos, sumado a la gran cantidad de asentamientos irregulares, que son caldo de cultivo de la delincuencia actual y futura. No se propone desde aquí hacer desaparecer ni cercenar libertades individuales, solo brindar un medio, no menos que digno, al conjunto de la población. Sin hacer propaganda política, el plan Rosario Hábitat promovido por el momento tibiamente por falta de financiamiento y trabas burocráticas y jurisdiccionales, es una medida concreta en ese sentido.
La profesionalización de las fuerzas de seguridad debe ser tomada como bandera de gestión, de la mano de la depuración en serio de agentes corruptos que están en connivencia con el mal que se pretende combatir.
Es menester establecer medidas tangibles que abran paso a la fiscalización ciudadana, dar voz y voto a asambleas barriales que son la mejor forma de valorar la gestión policial, con capacidad de promover y remover autoridades locales (comisarios).
Sería enriquecedor dotar de realismo los planes estratégicos de lucha contra el delito retroalimentando a los mismos con las experiencias e ideas de los ciudadanos. Quién mejor que el vecino para brindar información sobre focos de delito, mecánicas y metodologías. Hay que acercar de veras a la policía al pueblo.
No deben dejarse de lado medidas concretas de inclusión social, capacitación, educación, vivienda digna y lucha sin cuartel contra el narcotráfico, que se está llevando a nuestros futuros dirigentes del mañana. Si no se tiene en cuenta esto último, cualquier medida que se tome será efímera y sus resultados deficientes.
Cristian Bergmann

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