8 de octubre de 2008

De abajo para arriba

Por Cristian Bergmann

Es común escuchar de parte de la ciudadanía en general que la culpa la tienen los políticos. Sin pretender en este escrito defender a la clase dirigente de nuestro país, puede concluirse que ésta es un reflejo de lo que, en mayor o menor medida, somos individualmente. Vale decir, a mayor responsabilidad, mayor será el riesgo de ofrecimientos espurios, de dádivas y cohechos. Pero en esencia el problema es el mismo. Un conjunto de actitudes forman una cultura, y en nuestro país es común ver cómo la norma es avasallada. Suele decirse en ambientes académicos que "más que las instituciones, son las costumbres". Y esa frase resumida, contundente, filosa, nos muestra la raíz del problema. Es de vital importancia que todos los actores sociales tengan comportamientos cercanos a la ley y no en sentido contrario. Por lo tanto, cuando nos preguntamos con irresponsabilidad cívica, ¿cuándo va a cambiar este país?, la respuesta es simple: cambiará cuando todos cambiemos, cambiará cuando hagamos las cosas como se debe, por el camino correcto. Cambiará cuando nos preocupemos por el prójimo, no como sujeto capaz de beneficiarnos individual y pecuniariamente, sino valorando nuestra esencia, que es la interdependencia que nos caracteriza como seres humanos, pensantes, racionales. Cualquier actitud que vaya en contra de esta esencia, debe considerarse antinatural. Nuestro país cambiará cuando fomentemos la mirada crítica, cuando tengamos valores compartidos y proyectos comunes. Cuando se restablezca el sujeto democrático, participativo, responsable, característico de las sociedades modernas, pujantes, creativas e innovadoras. La historia, como un suceso de tiempo, ilimitado, irreversible, nos pone en desventaja. No todo está perdido. La voluntad, la virtud, la razón, la solidaridad, son valores que deben desempolvarse y ponerse en práctica. Porque en la biblioteca de la historia más valen los libros usados, desvencijados, amarillentos por el uso cotidiano, que las revistitas de ocasión, con mucha pompa y escasa sustancia.

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